Saturday 12 June 2021
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diariolibre - 29 days ago

En el mar, la vida es más sabrosa...

Entre pulpos, caracoles, corales, peces y crustáceos, vamos confirmando lo que muchos sabían y todos temíamos: que el Estado ha sido el canal para el enriquecimiento de unos cuantos en perjuicio de la mayoría, sin importar el costo ulterior y confiando en la impunidad, la manipulación y el olvido.En este país hace años que no se puede construir un contén sin recurrir a deuda internacional en dólares. No importa que exhibamos una excelente estabilidad macroeconómica, ni que seamos el destino más visitado del Caribe, que los huracanes por aquí no pasen o que las remesas estén en alza, siempre estamos gritando miseria, con carreteras intransitables, hospitales desabastecidos, escuelas y profesores ineficientes, inseguridad ciudadana, comida carísima y un rosario infinito de desgracias. En realidad, y al tenor de los montos defraudados, parece que en este país se produce y se recauda para que todos vivamos como en Dubái. Si se pudiera repartir per cápita lo que se presume sustraído por décadas (y para ejemplo los casos que vemos ahora), no necesitáramos preocuparnos por nada material, por varias generaciones.Pero sabemos que no es el caso. Cada vez estamos más pobres y desencantados. Y mientras el pueblo cuenta y extiende sus pesos, otro grupo acumula montos que no va a saber cómo gastar porque no hay tanta vida para hacerlo. Se valieron de lazos familiares, de relaciones primarias y de falencias de un sistema que ellos mismos crearon para cubrir con un velo de legitimidad el entramado de ilícitos.Los presuntos malhechores pensaban que eran intocables. Su cercanía con el poder los blindaba y en muchos casos no se preocuparon por guardar las formas o de no dejar rastros. No borraron los whatsapp.Es penoso que nuestra alegría sea ver, ahora humillados, a los que antes se les dio el privilegio de administrar lo de todos. Fueran electos o no, el pueblo delega en sus mandatarios la confianza de saber elegir quien los acompañe en su tarea.Es penoso que el futuro de mis nietos esté hipotecado sin haber nacido. Que nuestra deuda país sea tan grande que no vamos a tener cómo pagarla y que nuestro destino sea tener que vivir de rodillas ante el mundo, habiendo sido bendecidos con tanta riqueza.Es penoso constatar el descrédito de nuestras instituciones, arrastrando por el suelo la honra de muchos que sirvieron antes con dignidad y honestidad. Hay que cuidarse hasta de los que nos cuidan, habiendo invertido en su formación y entrenamiento miles de millones de pesos que todos pagamos. Es penoso ver hombres y mujeres con familia y “reputación” caminando con grilletes y citando salmos. Imposibilitados de justificar sus bienes y prejuzgados culpables, ahora se encuentran acorralados y solos. Es seguro que casi todos saldrán sin haber cumplido los plazos y sus condenas. Todavía les quedará influencia o alguna informacion que les compre jueces, médicos, pilotos y hasta forenses. Y mientras eso pase, con un pueblo cautivo ante la penosa farsa y con pésima memoria, una nueva generación de funcionarios perfeccionará los trucos en una rueda interminable de nepotismo y corrupción. Es nuestra esperanza que la Procuraduría pueda encauzar sus procesos adecuadamente, los jueces se pronuncien en buen derecho, que se respete el debido proceso y que los culpables -todos- paguen, con tiempo y con bienes, en la proporción de sus faltas. Este pueblo merece justicia, compensación, reparación y esperanza. Ya está bueno.


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