Monday 1 March 2021
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diariolibre - 1 month ago

Rosa Silverio: “Esta pandemia ha sido crucial en mi vida”

Por otra parte, la poeta y narradora cree que su traslado a España le ha servido para valorar la buena literatura que se hace en República Dominicana, en especial la que escriben las mujeres, y para distanciarse “del machismo que hay en el sector literario, del acoso, las burlas y críticas injustificadas”, que la afectaban. Con la vitalidad y franqueza que caracterizan sus formas de expresión, la joven autora de Matar al padre respondió varias preguntas para Diario Libre. Esta pandemia ha sido crucial en mi vida. Primero viví el confinamiento en Madrid, con el mismo miedo y la misma incertidumbre que los demás, luego me infecté del coronavirus estando totalmente sola en casa y ahí empezó mi vía crucis. La enfermedad me dio con todos los síntomas e incluso con problemas para respirar, lo que me llevó a temer una intubación. Ya no tengo el COVID-19, pero he quedado con muchas secuelas significativas. Todo esto ha hecho que salga de mi interior y mire hacia el espacio exterior como un elemento creativo. También me ha hecho aprender a trabajar la soledad, la tristeza y el abandono, ya no provocados por una fuerza endógena, sino exógena. Creo, en definitiva, que esto de la pandemia ha ampliado mi mirada y la ha hecho más empática desde el punto humano y literario.Actualmente tengo casi listo un poemario que trata el tema del abandono y estoy trabajando en uno sobre la sororidad y el empoderamiento de la mujer. El primero es un libro más íntimo y el segundo es una mirada crítica y positiva hacia la mujer. Una de mis mayores preocupaciones es que mis libros son muy cercanos a mis vivencias, yo siempre he dicho que soy una escritora con una veta confesional, pero con este segundo libro que te mencioné extiendo la vista más allá de mí misma.Mi traslado a España ha servido para dos cosas: la primera para valorar la buena literatura que se hace en República Dominicana, en especial la que escriben las mujeres, y segundo ha servido para yo distanciarme de cosas que me hacían mucho daño como es el machismo que hay en el sector literario, el acoso que viví, las burlas y críticas injustificadas. Yo creo que al final se impone el trabajo y la calidad en lugar del ruido. Muy dañina porque hiere psicológica y afectivamente a quien es juzgado mal y de manera despiadada, que fue una de las cosas que yo viví en mi tierra. Pero al final quien pierde es quien juzga sin conocer porque como me dijo una buena amiga una vez: “El tiempo pone todas las cosas en su lugar”. En España no, pero en República Dominicana sí. Cuando empecé a involucrarme en el mundo literario nuestro, la mayoría de los escritores eran hombres y llegaron a mandarme a peinar, a decirme que calladita me veía más bonita, entre otras lindezas. Recuerdo que un día, agobiada por tanto acoso y derribo, llegué a casa y como sor Juana Inés de la Cruz me corté el pelo. Sor Juana decía que en no merecía tener cabello cabeza que careciera de conocimiento y yo la emulé y en mi interior me decía que si eso era lo que les llamaba la atención a los escritores dominicanos pues yo no lo quería.Muchísima. Yo me inicié en dos talleres distintos: el Taller de Narradores de Santiago, dirigido por el escritor Máximo Vega, y otro taller dirigido por Bruno Rosario Candelier, de quien nos separamos por no querer formar parte del interiorismo y pasamos a ser independientes y a llamarnos Tinta Fresca. De mi participación en estos talleres aprendí lo importante que es conocer la tradición literaria, lo vital que es encontrar nuestra propia voz y lo maravilloso que resulta escribir sin estar atado a una corriente literaria, sino teniendo la oportunidad de experimentar con todo.Mi abuela fue mi primera transmisora de conocimientos. Oralmente me contaba cuentos y se inventaba refranes que luego yo repetía. Yo pienso que de esa primera infancia viene mi amor por la literatura y por las historias. Con el tiempo yo he cambiado. Me he vuelto más vulnerable y llorona de lo que quizás quería mi abuela para mí, quien era fuerte como un roble. Sin embargo, también me he vuelto más imaginativa e introspectiva y creo que estas son cualidades positivas que mi abuela hubiera celebrado en mí. Una vez, creo que entrevistando al escritor Pedro Antonio Valdez, este me dijo que escribía porque era lo que mejor sabía hacer. En mi caso pasa igual: escribo porque es lo que mejor que sé hacer y es de lo que estoy profundamente enamorada. No tengo metas (de ganar) de grandes premios, aunque he ganado algunos, ni pretensión que vaya más allá que la de ser feliz a través de la escritura, reconocerme y conocer el mundo a través de ella porque todo pasa en mi vida, menos ese amor por las letras que me hace sentir sumamente agradecida por estar viva y hacer lo que me gusta.Supuso una especie de explosión, de fuego, de electricidad. Me di cuenta de que en mí había una escritora siendo jovencita, después de leer “El principito”, y fue como pasar de ver televisión a blanco y negro a color. En principio esa voz creadora era ante todo intuitiva, pero también torpe, con el tiempo se ha ido puliendo, ha mejorado y ha encontrado su cauce, lo que ha supuesto mayor confianza a la hora de escribir y de compartir mis textos.Una de las cosas más maravillosas y liberadoras que me ha sucedido ha sido precisamente llegar al feminismo y reconocerme como una feminista convencida, alguien que cree en la equidad entre hombres y mujeres, en el rescate de los derechos de la mujer y el posicionamiento justo de mis congéneres en el mundo. El tránsito hacia este camino ha sido fácil, lo difícil ha sido que la gente lo entienda y lo respete porque muchos y muchas ven el feminismo como una tontería, como lo mismo que el machismo, pero al revés. Sin embargo, en mi vida personal el feminismo ha sido toda una transformación y un vehículo de empoderamiento.Uno suele decir siempre que la más reciente, pero en mi caso yo le tengo un especial cariño a mi poemario “Matar al padre”, publicado en España por Huerga y Fierro Editores. Es un libro que escribí a raíz de la muerte de mi padre, contiene 68 poemas porque era la edad que tenía mi papá cuando falleció y habla sobre la pérdida, pero también del amor y de la situación en el mundo.“Crimen y castigo” de Dostoievski, “Papá Goriot” de Balzac, “El rey Lear” de William Shakespeare, “Lo que el día debe a la noche” de Yasmina Khadra, “Una habitación propia” de Virginia Woolf, “El arma de la casa” de Nadime Gordimer, “El corazón es un cazador solitario” de Carson McCullers, “Vive o muere” de Anne Sexton, “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca”, etc.


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